Tengo 43 años, estoy esperando mi sexto bebé y todavía tengo miedo. Esto es lo que sé.

Escrito por: Liliana Contreli

Lo que nadie te prepara para vivir cuando el miedo y la fe se encuentran

¿Cómo seguir estando abierta a la vida después de los 40, con varios hijos, con cansancio real, con números que no siempre cuadran? La respuesta honesta es que no se trata de tener todo resuelto. Se trata de aprender a distinguir entre el miedo que paraliza y la prudencia que ora, y de confiar en que Dios siempre responde cuando tú dices que sí.

¿Alguna vez te has preguntado si está bien seguir estando abierta a la vida cuando ya tienes varios hijos, cuando ya no eres tan joven, cuando los números de tu cuenta bancaria no son los que quisieras?


Yo sí me lo pregunté.

Y mientras escribo estas palabras, estoy embarazada de mi bebé número seis. A mis 43 años. Después de tres pérdidas que me partieron el corazón.

Si eso no te dice que este tema me lo conozco desde adentro, no sé qué más podría decirte.

El miedo que no se dice en voz alta

Hay una conversación que muchas mamás católicas tienen, pero casi siempre en su interior, en silencio, a las once de la noche cuando todos ya están dormidos.

Suena más o menos así:

“Ya tenemos suficientes hijos. Ya estoy grande. Ya no tenemos dinero para más. Dios tiene que entender.”

Y junto con eso viene algo más difícil de admitir: la culpa de sentir ese miedo. Porque se supone que como mamás católicas deberíamos estar llenas de fe, ¿verdad? Se supone que confiar en Dios debería ser fácil.

Pero no lo es…

Y lo que he aprendido después de seis embarazos, cinco hijos vivos y tres ángeles en el cielo, es esto: el miedo no es lo opuesto a la fe. El miedo es simplemente humano. Lo que hacemos con ese miedo, eso es lo que cambia todo.

Algo que me han dicho muchas mamás en mis comunidades me quedó grabado en el corazón:

“Me hubiera gustado tener más hijos, pero me dio miedo. O mi esposo no quiso. Y ahora siento que perdí algo que no sé cómo nombrar.”

Ese dolor es real. Y merece ser nombrado.

Lo que estar abierta a la vida realmente significa

Necesito decirte algo importante: estar abierta a la vida no es un mandato de tener muchos hijos, sin hacer algo de planeación o de discernimiento… es mucho más:

Es una actitud del corazón.


El Catecismo de la Iglesia Católica, en el numeral 2366, enseña que la fecundidad es un don y un fin del matrimonio, no una obligación de números.Y al mismo tiempo habla de paternidad responsable, que significa que tú y tu esposo pueden discernir con oración tomando en cuenta su salud, su situación económica, su capacidad real de amar y acompañar a sus hijos.

No es un “sí a todo sin pensar”. Es un “sí a Dios, incluso cuando no entiendo cómo va a funcionar.”

Y esa es la diferencia entre prudencia y miedo disfrazado de prudencia.
El miedo dice: “Si tengo otro hijo, no voy a poder.” La prudencia dice: “Señor, no sé cómo, pero confío en ti.”

No siempre es fácil distinguirlos. Te lo juro que a mí me ha costado.

Lo que cada hijo me ha traído

Con mi primer bebé estaba muy emocionada. Pero también muy asustada. Era yo muy joven. Y vivía en una relación bastante violenta.

Recuerdo que miraba esa prueba de embarazo y en medio del miedo sentía algo más. Algo que no sabía cómo nombrar todavía. Ese bebé era la respuesta a mis oraciones. Y lo supe desde el principio: a partir de ese momento, nunca más iba a volver a estar sola, como me había sentido prácticamente toda mi vida.

Con el segundo bebé fue empezar de nuevo, pero de otra forma. Ya era mamá. Ya sabía lo que era ese amor. Pero ahora estaba en Canadá. Sin familia. Sin apoyo. Sin nada de lo que conocía.

Lo que sí tenía era un esposo maravilloso, uno que siempre ha estado conmigo, que me apoyó, que me cuidó. Y en ese bebé sentí que Dios me decía algo que yo necesitaba escuchar con desesperación: “Tú puedes. Eres una gran mamá.”

Porque yo tenia mucho tiempo cargando esa voz . Esa que susurra bajito pero no para y que todo el tiempo me decia: “Eres la peor de las mamás.” Y ese segundo bebé fue la primera vez que realmente empeze a creer lo contrario.

Y ya con niño y niña yo estaba decidida a no tener más hijos, de hecho traté de operarme pero Dios no lo permitió (y créeme que busqué las opciones, pero no pasaron)… y entonces sorpresa: un embarazo inesperado que se suponía no debía pasar.

Con este tercer bebé llegó otro tipo de miedo. No era escasez económica, era el terror a perder una oportunidad de trabajo por la que había luchado años. Una puerta que se había abierto después de mucho esperar, mucho prepararme, mucho soñar. Y no me equivoqué: tan pronto anuncié mi embarazo en el trabajo, esa puerta se cerró.

¿Y sabes qué pasó después?

Al poco tiempo de que ese bebe llegó, Dios me dio un trabajo mucho mejor que el que yo tanto temía perder, uno que yo no podría haber imaginado desde donde estaba parada con ese miedo encima. Pero además, ese tercer bebé que yo ya no esperaba fue el que nos llevó de regreso a la Iglesia y a Dios, el que nos permitió recibir el sacramento del Matrimonio tiempo después, el que hizo que hoy mi familia siga unida.

Con el cuarto bebe más bendiciones. Con el quinto, igual. Cada uno ha llegado con algo que yo no podía ver desde antes de que llegara: crecimiento espiritual, conversión. milagros pequeños y cotidianos que solo yo vi.

Porque así es Dios. Cada vez que le dije que sí, Él respondió, siempre de una forma hermosa que yo no había imaginado.

Las tres pérdidas también me enseñaron algo. Me enseñaron que amar sin garantías es la forma más profunda de confiar en Dios, que puedo decir sí a la vida incluso sabiendo que la vida a veces duele.

Para la mamá que siente que ya no puede

Si estás leyendo esto y tu corazón está en un lugar difícil, cansada, con dudas, sintiendo que ya llegaste a tu límite, quiero que sepas algo:

Dios no te pide que tengas más hijos porque sí. Eso no es lo que significa estar abierta a la vida.

Estar abierta a la vida significa no dejar que el miedo, ni el mundo, ni tu familia, ni tus amigos, ni las expectativas del trabajo, tomen esa decisión por ti…

Lo que significa es llevar esa conversación a la oración, junto a tu esposo, con total honestidad, sin esconder lo que sientes. No enfocándote en lo que el mundo te dice que deberías hacer, sino en lo que Dios te está pidiendo, en lo que el Señor susurra cuando el ruido de afuera se calla.

Porque cada vez que tú le dices que sí al Señor, Él derrama sus bendiciones sobre ti, sobre tu familia, sobre toda tu vida y de maneras que tú no podrías haber planeado. Porque Él tiene un plan para cada vida que permite, y también para la tuya.

Además, también te puedo asegurar que Nuestra Madre María Santísima intercede por cada mamá que se acerca a ella con su miedo en las manos. Ella sabe lo que es decir sí sin entender del todo cómo va a funcionar, y yo también lo aprendí: Dios nunca me ha dado nada con lo que yo no pudiera. Jamás.

Isaías 43,2 lo dice con una promesa que guardo en el corazón:

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo.”

No dice que no habrá aguas difíciles. No promete que todo será fácil o que los números van a cuadrar perfectamente. Dice que no caminarás sola en medio de ellas. Y eso, para mí, lo ha cambiado todo.

Tres preguntas para llevar a la oración esta semana

Esta semana, si puedes, lleva tres preguntas a la oración. No como tarea, como conversación.

La primera: ¿qué decisión estoy tomando desde el miedo y no desde la confianza? No se trata solo de hijos. Se trata de todo lo que el miedo ha ido cerrando en tu vida sin que te dieras cuenta.

La segunda: ¿hay algo que Dios me está pidiendo soltar y yo todavía no he soltado? No solo en el tema de los hijos. En cualquier área de tu vida donde el control está ocupando el lugar de la confianza.

Y la tercera, que es la más importante: ¿qué necesitaría creer de Dios para poder confiar en esto? A veces el problema no es la decisión. Es que en el fondo no creemos del todo que Dios va a estar ahí cuando lo necesitemos.
Llévalas con honestidad. En la regadera, en el carro, antes de dormir. No buscando respuestas perfectas, solo buscando al Señor.

No tienes que tener todo resuelto para confiar

Esta es la parte que más me costó aprender.

Pensé durante mucho tiempo que confiar en Dios significaba no tener miedo, que si tenía dudas, era porque mi fe era pequeña.

Pero no es así…

Confiar en Dios no es la ausencia de miedo. Es elegir avanzar aunque el miedo esté ahí. Es decirle al Señor: “No sé cómo vas a hacerlo. Pero sé que vas a estar conmigo.”

Cada vez que he elegido confiar, Dios ha respondido, no siempre de la forma que yo hubiera querido, pero siempre sabiendo que es lo mejor para mi familia y para mi… porque asi es el Señor, sus planes siempre siempre son mejores que los nuestros!

Escucha más sobre este tema

Si quieres profundizar en esto que hoy hablamos, grabé dos episodios del podcast donde comparto mi experiencia con mucho más detalle y vulnerabilidad:


🎧 Episodio 74 — ¿Qué significa estar abierta a la vida? (Baby #6 – Parte 1)
🎧 Episodio 75 — Embarazo después de los 40: amar sin garantías (Baby #6 – Parte 2)

Puedes escucharlos mientras manejas, cocinas o doblas ropa. Son para ti.

Un regalo para esta semana

Antes de cualquier decisión grande, lo que necesitas es poder escuchar a Dios. Y para eso, necesitas espacio. Silencio real. Un momento tuyo.


El Ritual del Domingo fue lo que a mí me ayudó a crear ese espacio, y quiero regalarte el mismo proceso: 20 minutos una vez a la semana para sentarte contigo misma, con Dios, y con claridad sobre lo que realmente importa.


👉 [Descarga gratis El Ritual del Domingo aquí]

Porque la paz no llega sola. Hay que crearle un espacio.

¿Este post tocó algo en tu corazón? Compártelo con una mamá que también lo necesite leer hoy.