Creía que estar estresada era parte de ser mamá. Esto es lo que hacía para sobrevivir…

Escrito por: Liliana Contreli

Ansiedad en la maternidad: cuando el agotamiento se vuelve tu modo de vida

¿Sientes que el estrés ya es simplemente parte de tu vida como mamá? La diferencia entre sentir estrés y vivir en él es enorme, y muchas mamás católicas cruzan esa línea sin darse cuenta. Este post es sobre cómo reconocerlo, por qué lo tapamos, y lo que la fe tiene que decir sobre todo eso.

¿Cuántas veces has llegado al final del día con dolor de cabeza, irritable, agotada, sin saber exactamente por qué?

No pasó nada grave. Los niños están bien. El trabajo está bien. La casa está, más o menos, bien.

Y aun así, algo dentro de ti se siente apretado. Tenso. Como si estuvieras esperando que algo malo pase aunque no sepas qué.

Yo viví así durante años. Y lo peor no era el agotamiento. Lo peor era que lo había normalizado completamente.

“Así es ser mamá. Así le pasa a todas.”

Esa frase me costó muy caro…

Cuando el estrés deja de ser estrés y se vuelve tu modo de vida

Hay una diferencia enorme entre sentir estrés y vivir en estrés.

Sentir estrés es normal. Es humano. Tu cuerpo está diseñado para activarse cuando hay presión real, un hijo enfermo, una fecha límite en el trabajo, una situación que exige toda tu atención. Ese estrés viene, cumple su función y se va.

El problema es cuando tu cuerpo ya no sabe apagarse.

Cuando la lista de pendientes, el miedo a no ser suficiente, las finanzas, la salud de tus hijos y las expectativas que tú misma te impones se convierten en una alarma que nunca se detiene, eso ya no es estrés normal. Es tu sistema nervioso atrapado en modo emergencia permanente.

Y lo más peligroso de ese estado no es cómo te sientes. Es que dejas de notarlo.
Te acostumbras, lo llamas “así soy yo”, lo llamas “así es mi vida”, lo llamas maternidad. Y no lo es.

Lo que yo usaba para tapar lo que no quería ver

Aquí viene la parte que me cuesta más admitir. Pero la comparto porque sé que a ti también te puede estar pasando, aunque se vea diferente.

Durante mucho tiempo, sin saberlo, yo manejaba mi ansiedad tapándola.

Primero fue el alcohol. Después la comida, comer compulsivamente, convenciéndome de que me lo merecía porque estaba muy estresada. Después el trabajo, que se convirtió en mi forma de tener control cuando todo lo demás se sentía caótico. Luego el shopping y las redes sociales; cualquier cosa que me diera alivio inmediato y me distrajera de lo que en realidad estaba sintiendo.

Lo que no entendía entonces es que la ansiedad no se va cuando la ocultas (o al menos tratas)

Se transforma…

Y cuando finalmente quitaba una cosa, encontraba otra. Porque el problema no era el alcohol ni la comida ni el trabajo. El problema era lo que había debajo: una mujer que no sabía cómo soltar el control, que cargaba demasiado, que no pedía ayuda, que se había acostumbrado a sobrevivir y había olvidado que podía vivir de otra manera.

Fue hasta que empecé a trabajar en mi crecimiento espiritual y personal que entendí algo que cambió todo: nuestra fe no niega la salud mental. La integra.

La trampa del sacrificio total, y su opuesto

En la maternidad católica hay dos extremos que parecen opuestos pero llevan al mismo lugar.

El primero es el sacrificio total: “Yo después. Mi descanso no importa. Ser buena mamá significa sufrirlo todo.”

El segundo es más silencioso: el escape disfrazado de autocuidado. Comer para anestesiar. Comprar para sentir que controlas algo. Perderte en redes sociales para no pensar. Un vino “porque me lo merezco” que con el tiempo se vuelve dos, luego tres.

Ninguno de los dos es paz.

Los dos son formas de no enfrentar lo que está pasando adentro. Y lo que está pasando adentro: la culpa, el agotamiento invisible, el miedo a no ser suficiente, la soledad en medio de una casa llena, merece ser visto. Merece ser nombrado. Merece atención real.

Y lo más difícil no es reconocer los patrones. Lo más difícil es preguntarte cuánto tiempo llevas así. Porque cuando haces esa cuenta, cuando te das cuenta de que no recuerdas la última vez que terminaste un día sin sentirte apretada por dentro, algo se mueve. No con drama. Con una claridad tranquila y un poco incómoda que dice: esto no puede seguir siendo normal.

Lo que sí ayuda, desde adentro hacia afuera

No te voy a dar una lista de diez pasos para eliminar el estrés. Lo que sí te quiero compartir son las cosas que a mí me han cambiado de verdad, y por qué.


La primera es aprender a soltar lo que no puedo controlar. Soy colérica, y mi ansiedad nace exactamente de ahí. Hubo una época en que si el día no salía como lo había planeado, si había algun imprevisto con mis hijos o con mi esposo (que por supuesto todo el tiempo pasa), algo en mí se disparaba. No porque fuera un desastre. Sino porque perder el control, aunque fuera en cosas pequeñas, me activaba el sistema completo y yo explotaba literal.

Lo que más me ha ayudado no es una técnica. Es una decisión diaria de repetir, aunque no lo sienta: “Jesús, en Ti confío.” Mateo 11,28 dice: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.” No dice que primero resuelvas todo. Dice que vengas como estás.

La segunda es la oración honesta, no la perfecta. Pasé mucho tiempo creyendo que orar significaba llegar al Santísimo compuesta, con las palabras correctas. Y cuando no lo sentía así, no iba. Hasta que un día llegué con tres horas de sueño, enojada y con ganas de llorar, y en lugar de rezar el rosario le dije a Dios exactamente eso: “Estoy cansada. Estoy enojada. No puedo más.” Y algo se soltó. Dios no se escandaliza de tu honestidad. Él ya sabe lo que hay en tu corazón y en tu mente, solo está esperando que tú también lo digas en voz alta.

La tercera es cuidar el templo, no solo el alma. Esto me costó creerlo porque se sentía egoísta, se sentía como vanidad; pero tu cuerpo y tu mente están conectados. Cuando no duermo, mi ansiedad se triplica. Cuando camino diez minutos, algo en mi cabeza se acomoda. Cuando como azúcar todo el día, mi estado de ánimo cae en picada a las cuatro de la tarde sin que yo entienda por qué. No te estoy pidiendo que te conviertas en atleta. Te estoy diciendo que hay decisiones pequeñas y concretas que le dicen a tu sistema nervioso que no estamos en emergencia, y eso cambia cómo te sientes por dentro.


Y la cuarta es pedir ayuda sin sentir vergüenza. Esta fue la más difícil. Había una parte de mí que creía que si yo era una mamá católica con fe, debía poder con todo, que la terapia era para gente que no tenía a Dios. Nada de eso es verdad. La ciencia no está peleada con Dios,al contrario, Dios la permite para nuestro bien. La realidad es que a veces (o muchas veces) necesitamos a alguien entrenado para ayudarnos a discernir lo que hay adentro. Pedir ayuda no significa que tu fe es débil. Significa que eres humilde. Y la humildad, en la doctrina católica, es una virtud.

Dios no te llamó a sobrevivir

Esta es la frase que más me ha costado creerme, y la que más me ha liberado.

Dios no te llamó a una maternidad en ansiedad perpetua. No te llamó a aguantar hasta que los hijos crezcan, hasta que la situación mejore, hasta que “las cosas se calmen”.

Te llamó a una maternidad con propósito. Con paz. Con alegría, no la alegría falsa de que todo está bien cuando no está, sino la alegría profunda que viene de saber que Él está contigo en medio del caos.

Y esa paz empieza cuando dejas de normalizar el agotamiento extremo. Cuando te permites decir: “Esto que siento importa.” Cuando decides que mereces algo mejor que sobrevivir.

Tu eres la hija muy amada de Dios. Y Él no quiere que su hija viva agotada por dentro, cargando sola el peso de todo.

¿Qué es lo que más te tiene atrapada?

No todas las mamás cargamos lo mismo. Hay quien carga más culpa. Hay quien carga más miedo. Hay quien carga el peso de querer controlarlo todo, como yo.


El primer paso para salir del modo supervivencia no es hacer más. Es saber exactamente qué es lo que está pesando, porque no puedes soltar algo que no sabes que estás cargando.


Por eso creé el quiz “¿Cuál es tu mayor obstáculo como Mamá?”, para ayudarte a identificar exactamente qué creencia, qué patrón o qué miedo está pesando más en tu vida ahora mismo.

👉 [Haz el quiz aquí]

Escucha más sobre este tema

Si quieres profundizar, en el episodio 25 del podcast Mindset para Mamás Católicas, “Estrés y Ansiedad en la Maternidad: Herramientas para sobrevivir”, comparto herramientas concretas y partes muy personales de mi historia que no caben completas aquí.

🎧 Puedes escucharlo mientras manejas, cocinas o doblas ropa.https://www.buzzsprout.com/2237679/episodes/14837930

¿Este post tocó algo en tu corazón? Compártelo con una mamá que también lo necesite leer hoy.